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martes, 20 de abril de 2010

Autogestion de la salud

Interesante articulo que propone la autogestion de la salud



POR LA AUTOGESTION DE LA SALUD
La salud está de moda. En el umbral del nuevo siglo nunca antes como
hoy se ha hablado tanto y desde tantos puntos de vista sobre vida sana,
medicina, curación, calidad de vida, etc. Información no nos falta; más bien
nos sobra. Hay demasiada basura informativa que va creando nuevos mitos y
mucha confusión; esto es debido en buena parte a una gran falta de espíritu
crítico y a que no tenemos unas mínimas bases de educación para la salud.
Incluso se podría decir que a pesar de tanta información, somos en la práctica
analfabetos sanitarios. Cualquiera nos puede venir con un cuento y nos lo
creemos o bien pasamos de todo justificándonos con alguna frase del tipo "¡de
algo hay que morir!" o "¡a vivir, que son dos dias...".
La autogestión de la salud es una corriente de pensamiento crítico
compleja y que ha bebido y bebe de muchas fuentes. La idea es que cada
persona y cada comunidad sean cada vez más autonomas, ecológicas y
solidarias. De Illich cogemos su crítica radical a la medicina occidental, de la
medicina oficial nos gusta el movimiento a favor de la salud pública y para
tod@s; de la medicina alternativa nos gusta la idea higienista del poder
autocurativo del cuerpo; del ecologismo lo cogemos casi todo; en salud mental
nos gusta la antipsiquiatría que lucha por los derechos humanos de los y las
enfermas mentales; y por supuesto apoyamos (con matices) a los movimientos
sociales antiautoritarios o antipatriarcales, que para el caso es lo mismo:
antirracista, sindicalista, feminista, antimilitarista, de liberación sexual, okupa,
contra la opresión Norte-Sur, antiadultista y demás.
¿DE QUE SALUD HABLAMOS?
Muy diversos autores y autoras han estudiado y filosofado sobre el
concepto de salud. Voy a citar algunas definiciones que a mi personalmente me
han gustado. La salud es la capacidad que tenemos los humanos de vivir en
armonía con nosotros mismos, con la otra gente y con el resto de la naturaleza
e incluye nuestra capacidad de amar, de comprender el mundo en el que
vivimos y de gozar de todo lo que la vida nos ofrece (Claude Steiner). ). Salud
es una manera de vivir cada vez más autónoma, gozosa y solidaria (Congreso
de médicos y biólogos catalanes). Y fijaros en la agudeza de Iván Illich, que
nos hace ver un matiz importante: salud es nuestra capacidad de adaptación
exitosa al medio ambiente e incluye no sólo nuestra capacidad de bienestar,
sino también nuestra capacidad de saber manejar el sufrimiento y la angustia.
HACIA UN MODELO MÁS INTEGRAL Y COMPROMETIDO
Veo la salud no como física e individual sino como psicosomática,
colectiva, ambiental y planetaria. Por tanto, entiendo la autogestión de la salud
no como autocuidado y autocuración individual (un ¡sálvese quien pueda!
individualista e insolidario) sino como algo integral, global, complejo e
interdependiente.

El modelo biomédico (imperante hoy en día en la industria sanitaria y en
la medicina oficial) pretende hacernos creer que todas las enfermedades son de
origen físico o biológico (incluso las mentales). En contra de este modelo
tenemos otro mucho más integral que nos dice que desde que nacemos hasta
que morimos nos influyen para bien o para mal infinidad de factores que se
pueden clasificar en tres grupos: físicos (alimentación, ejercicio, ambiente...),
psicológicos (autoestima, estrés, autocontrol...) y sociales (familia, educación,
política, etc.). Es el modelo biopsicosocial o socioecológico. Aunque este
modelo más integral y comprometido es apoyado por la inmensa mayoría de
los especialistas en salud pública, en la práctica apenas se le tiene en cuenta
ya que la industria farmacéutica presiona muchísimo condicionando la
investigación y así puestos los esquemas no cambian y a los profesionales de la
salud se nos ha inculcado un modelo biomédico o biologista que nos cuesta
cambiar; seguimos soñando tanto como los y las pacientes en esa píldora
mágica que curará o al menos controlará esta o aquella enfermedad
“intratable”.
LA SALUD NO ES COSA DE MEDICOS.
En 1975 Iván Illich hizo una crítica radical a la medicina oficial. Según él
la medicina oficial expropia la salud de la gente a través de la `medicalización
de la vida`; es decir, desde que nacemos hasta que morimos cada vez más
expertos pretenden ocuparse de cada vez más facetas de nuestra vida:
concepción y anticoncepción, embarazo, nacimiento, crianza, adolescencia,
sexualidad, problemas personales, prevención, curación, menopausia, vejez e
incluso la propia muerte. Esta sanidad tecnocrática nos hace depender de cada
vez más bienes, servicios y profesionales; el modelo médico imperante con sus
actitudes arrogantes y paternalistas nos vende una salud empaquetada que
además nos incapacita. Esto no implica que no necesitemos profesionales de la
salud: serán necesarios en muy diversas circunstancias; pero Illich sostiene
que debe haber un equilibrio entre lo que podemos hacer por nosotros mismos
(autonomia) y lo que nos viene dado de fuera en forma de bienes o servicios
(heteronomía). Sin ir mas lejos, después de más de 100 años de existencia
todos deberíamos haber aprendido a usar las aspirinas de una forma racional y
autogestionaria; y no siempre es así. Todavía miles y miles de personas
mueren por hemorragias gástricas causadas por la aspirina.
ENTRE NEGOCIANTES Y CHARLATANES.
Además este modelo biomédico tiene el beneplácito de las
multinacionales químico-farmacéuticas que ya se están aliando con las
industrias de biotecnología creando gigantes empresas sin escrúpulos las
cuales condicionan la mayor parte de la investigación sanitaria que se realiza
en el mundo. Ellas apenas investigan los métodos sencillos que nos darían más
autonomía (dieta, ayuno, reposo, ejercicio, relajación, higiene postural, la
ayuda mutua, alfabetización emocional, etc.).
Con la moda de la salud también se apuntan al mercantilismo de la salud
muchas otras empresas que prosperan al amparo de la angustia y la credulidad
de la gente. Empresas de dietética, de plantas, de homeopatía, de “productos
milagro”, y un sinfín de terapias más o menos esotéricas y facilonas que nos
las trae la Nueva-vieja Era y que se ponen de moda como la pólvora. Además
como hay mucho paro y en la cultura judeocristiana mucha gente vamos de
salvadores por la vida pues la proliferación de terapias (más o menos
novedosas o exóticas) está servida. Todo este batiburrillo configura lo que
podríamos llamar el gran hipermercado biopsicoespiritual. Sumendi ya se
percató hace unos años de la importancia de este asunto y dejó constancia de
ello en el Manifiesto por la autogestión de la salud.
EL PODER AUTOCURATIVO DEL CUERPO.
Nuestro organismo es una unidad cuerpomente maravillosa que tiene
infinidad de recursos: internos y externos. Aprender a aprovecharlos hoy en día
es más fácil debido al desarrollo de numerosas ciencias y al mayor acceso que
tenemos a las diversas culturas del planeta de las que podemos aprender
mucho.
El cuerpo se autorregula. Crece sabiendo ya desde la primera célula en
el vientre de nuestra madre. Su sabiduría inconsciente es imparable y más
tarde alcanzamos la consciencia, lo cual nos hará aún más poderosos. Miles de
millones de células sabiamente coordinadas en órganos, aparatos y sistemas
armoniosamente integrados entre sí. Aún ignoramos mucho de este
funcionamiento fantástico pero ya sabemos que nuestro cuerpo produce
innumerables sustancias para su mantenimiento, autodefensa y regeneración:
proteínas, hormonas, enzimas, neurotransmisores, etc.
El cuerpo produce por sí mismo casi todas las sustancias que necesita
para hacer frente a los estímulos y retos que la vida nos depara: excitantes,
sedantes, analgésicos, lubricantes, hidratantes, laxantes, protectores solares,
antiinflamatorios, antisépticos, antibióticos, antivíricos, antioxidantes,
antitrombóticos, etc. Como el resto de la naturaleza, nuestro cuerpo tiene unos
límites, una capacidad de aguante y no podemos dilapidar sus recursos sin
dejar de sufrir consecuencias más o menos serias. En la antigua Grecia existía
la diosa de la salud, Higeia, que simbolizaba el arte de vivir con dignamente
con salud, manteniendo el patrimonio orgánico y aprendiendo a curarse
cuando uno o una enfermaba.
Algunas corrientes de medicina naturista como el Higienismo conciben
las enfermedades como auténticas crisis autodefensivas y autocurativas que
nuestro cuerpo pone sabiamente en marcha ante muy diversas agresiones
evidentes o larvadas. Ante una suficiente sobrecarga, una vida insana o
agobiante el organismo provoca una crisis autodefensiva. Buen ejemplo son las
enfermedades agudas (inflamaciones, infecciones, etc.) que alteran de repente
el estado general y entonces el cuerpo recurre al catarro, vómitos, diarreas,
fatiga, falta de apetito, fiebre, etc. como formas de llevar a cabo un proceso de
limpieza corporal para llevar a cabo los procesos de regeneración celular.
LA IMPORTANCIA DEL SENTIDO COMUN.
Muchas veces ignoramos las “señales” que el cuerpo nos manda y
camuflamos los síntomas con pastillas, hierbas, etc. ¿Y si simplemente
probáramos a escuchar a nuestro precioso cuerpo?. Pues descansaríamos más,
comeríamos menos, viviríamos más relajados y seguramente nos curaríamos
mejor. Pero hacer esto en esta sociedad de consumo es casi subversivo, es
como transgredir una ley no escrita que nos empuja a consumir más y más
bienes y servicios (sean estos oficiales o “alternativos” que para el caso es lo
mismo...). Alienados por la sociedad de consumo que nos genera falsas
necesidades casi sin darnos cuenta les hacemos el juego a los negociantes de
la salud. Claro está que para poder pagar todos esos bienes y servicios
tendremos que trabajar duramente en trabajos insulsos y alienantes y así se
cierra el círculo vicioso. La Medicina se ha convertido hoy en día en otra
religión que nos hacer creer que los y las médicos son las únicas personas que
saben de salud y que ésta se compra bien envasadita en las farmacias, tiendas
de dietética, gimnasios o en las consultas de psicoterapia.
Algunas terapias y corrientes críticas que podríamos considerar
inspiradoras del movimiento por la autogestión de la salud (antipsiquiatría,
feminismo, ecologismo, salud pública, naturismo e higienismo, grupos de
autoayuda, etc.) no tienen ninguna varita mágica para curar las enfermedades
(ni las físicas ni las mentales). No hay panaceas para los problemas del ser
humano; muchas veces sólo el esfuerzo y la constancia y el aprendizaje
combinado con nuestro instinto, inteligencia y sobre todo nuestro sentido
común (que supone desalienarse), conforman una digna alternativa
autogestionaria y anticonsumista que puede contribuir a aumentar nuestros
poderes o capacidades, la dignidad de la gente y de los pueblos.
CAMBIANDO JUNTOS PARA CURAR LA VIDA
En el aspecto psicosocial, cada persona puede hacer mucho por sí misma
para cambiar su vida y como comunidad podemos hacer muchas cosas en
común para construir una sociedad más justa, ecológica y solidaria.
Esta sociedad nos oprime y confunde de muchas y diversas maneras.
Pero de nada sirve quejarnos, patalear o resignarnos. Los humanos somos
(cuando nos lo proponemos) inteligentes, intuitivos y solidarios; ¡pasemos a la
acción!. Ya hay mucha gente en marcha; infinidad de colectivos y algunos
movimientos sociales laboran cotidianamente local y/o globalmente para
cambiar una sociedad en la que persisten aún innumerables injusticias y
problemas planetarios. En una sociedad donde la crisis del valor esfuerzo está
provocando diversos problemas de salud individual y colectiva, es una prioridad
desperezarse, entrenar la voluntad y globalizar la solidaridad.
Hay un montón de buenos ejemplos que podríamos enumerar para
actuar ya en los tres aspectos de la salud: físicos, psicológicos y sociales:
desde hacerse vegetariano (o mejorar nuestra dieta), consumir más
conscientemente, hacer ejercicio regular, trabajar en lo que queremos, hasta
apuntarse a una asociación, apoyar una buena causa, iniciar un proyecto digno
(por pequeño que este sea), pasando por conocernos a nosotros o nosotras
mismas, mejorar nuestro autocontrol y relaciones interpersonales. El umbral
del tercer milenio es un buen pretexto para coger las riendas de nuestra vida.
No nos quedemos “parados”, ¡hagamos algo!. Aunque sólo sea pararnos a
reflexionar qué tipo de vida hemos llevado y cual es la vida que realmente
queremos llevar. Sin prisas, eso sí.
Antonio Palomar
(Junio de 2002)
Artículo aparecido en “ZAINDUZ”, revista de
S U M E N D I
Osasunaren autogestiorako elkartea
Asoc. por la autogestión de la salud
Apdo. 5098 Posta kutxatila – 48080 BILBAO Tel. 944-100-644
Sumendi@euskalnet.net

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